El gadareno, María Magdalena y Saulo

Encontramos en la Biblia tres personas que, cuando eran endemoniadas, fueron muy usadas por el diablo y que, después de haber sido liberadas, tuvieron un encuentro real y verdadero con Dios, pasando a ser grandemente usadas por Él.

 

1º El endemoniado gadareno:

Él vivía en un sepulcro, andaba por las calles, se hería con piedras y transmitía miedo y pavor a los que lo veían.

Después de haber sido liberado por el Señor Jesús, él tuvo su encuentro con Dios y pasó a ser usado por Él, pues, a través de su testimonio, ganó las almas de los moradores de Decápolis (conjunto de diez ciudades).

Ahora, no solamente con su nueva apariencia física de un hombre feliz y en sana conciencia, pero lleno de la Presencia de Dios, él pasó a transmitir vida y paz a los que lo veían.

 

“Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti. Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.” (Marcos 5:19-20)

 

2º María Magdalena:

María Magdalena era prostituta, destruidora de hogares, pues se envolvía con hombres casados, y cuando la esposa descubría la traición del marido, aquella unión de dos terminaba. Los demonios la usaban, haciéndola infeliz, sola, rechazada, triste y vacía, a causa de eso, ella pensaba que podía llenarse con la prostitución. Después de ser liberada por el Señor Jesús, María Magdalena, de quien fueron expulsados siete demonios que se escondían en su interior, juntamente con algunas otras mujeres, pasó a servir y dar asistencia al Ministerio del Señor Jesús.

 

“… y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritu malos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,… y muchas otras que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos.” (Lucas 8:2-3)

 

3º Saulo:

Saulo era perseguidor impiedoso de los cristianos, odiaba a aquellos que servían a Dios.

 

“Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel.” (Hechos 8:3)

 

Él estuvo asistiendo el apedreamiento de Esteban, le vio ser apedreado hasta la muerte. Cuando Saulo tuvo un verdadero encuentro con Dios, prefirió ser llamado Pablo, y como Apóstol, siervo de Dios, pasó a ser usado grandemente, tornándose uno de los principales evangelistas y testimonio vivo de una transformación interior. Ahora, a través de él, muchos se convertían y se entregaban a Dios.

 

“A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles; a todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos. Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de Él.” (1 Corintios 9:22-23)

 

 

¿Qué es lo que nosotros, obreros y obreras, tenemos en común con estas tres personas?

El Gadareno, María Magdalena y Saulo fueron liberados, se convirtieron y tuvieron un Encuentro con Dios, y eso, con nosotros, ¡también ya aconteció! La Obra que en el pasado ellos hicieron, hoy nosotros debemos y podemos hacer mucho más.

 

Piense en eso y pregúntese a sí mismo:

 

Como un obrero y obrera de Dios que soy, y que tiene el Bautismo con el Espíritu Santo, ¿será que yo he hecho cada vez más en la Obra del Dios Vivo? 

Publicado en MENSAJES, Orientación Nacional.

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