¿Removido, promovido, conmovido o movido?

Removido:
En el diccionario, la palabra removido significa ser retirado, transferido, movido o cambiado de lugar. Ser destituido de un cargo, también significa ser removido. En una empresa, por ejemplo, un apersona fue removida de aquella función por no presentar buen rendimiento y competencia.

En la Obra de Dios, el obrero u obrera que presenta problemas de carácter, falta de conducta, mal comportamiento, testimonio inadecuado, carnalidad o cualquier otro problema que le(la) impida continuar haciendo la Obra de Dios, tendrá que ser removido de las funciones y pasará a recibir ayuda espiritual y acompañamiento del obispo, pastor y esposa, para no perder su Salvación. Hay pecados “descarados” y graves que algunos ya cometieron, en que tuvieron incluso que ser removidos definitivamente del cuadro de pastores u obreros del Centro de Ayuda.
Para no ser removido de la Obra de Dios, lo mejor para hacer es remover el problema, el dolor, la debilidad y el desánimo:

Aparta de tu corazón la congoja y aleja el sufrimiento de cuerpo” (Eclesiastés 11:10)

Promovido:

En una empresa, cuando un funcionario codicioso quiere, a toda costa, ser promovido de cargo o función, él estará dispuesto a todo, aunque sea para engañar, trapichear y pasar por encima de quien quiera que sea.
Para tener el forzado reconocimiento de su superior, jefe, patrón o director, él va a querer mostrar servicio, siempre con la intención de agradar a los hombres, a cambio de beneficios personales.

Crea o no, en la Obra de Dios hay personas que hacen lo mismo, o sea, todo lo que hacen es para agradar al pastor o a la lideranza de la Iglesia, a fin de ser promovidos, viendo beneficios personales y no el beneficio de la Obra. Lo que es de interés propio, hacen, pues agrada a ellos mismos, y lo que interesa y beneficia al prójimo, ellos no hacen.
Si, para ser promovidos, necesitan ser engañados, intentarán engañar, y, si es necesario mentir, ellos mentirán, sin embargo, lo que se olvidan, es que de Dios no se esconde nada, ¡y a Él nadie engaña!

 

“No para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Servir de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor.” (Efesios 6: 6-8)

Estamos seguros de una cosa, si hacemos la Obra de Dios diligentemente, con humildad y Fe de obedientes convertidos, seremos promovidos a Salvos en el Reino de los Cielos. Pues, la promoción más ventajosa que tenemos y poseeremos, es nuestra Salvación Eterna.

Conmovido:

Todo ser humano que es conmovido, es también emotivo y sentimental, o sea, delante de las situaciones más difíciles de la vida, que todos nosotros estamos sujetos a enfrentar, en vez de actuar en la Fe racional e inteligente, algunos se dejan ser llevados por las emociones y sentimientos y se apavoran fácilmente.
Hay obreros y obreras que son tan sensibles que cuando son sorprendidos por los problemas y dificultades, en vez de mostrarse indignados, se muestran conmovidos.
No debemos jamás permitir que las emociones y conmociones invadan nuestro corazón, impidiéndonos, así, de usar la Fe racional: Quien se permite actuar por el corazón, actuará de manera sentimental y de forma conmovida:

“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” (Jeremías 17:9)

 

Movido:

En la Obra de Dios, aquellos que son llenos del Espíritu Santo, son movidos por Él, inspirados y también dirigidos, por eso es que deben hacer la diferencia. Es el Espíritu Santo Quien nos mueve, es Él Quien nos usa y nos capacita a realizar Su tan Grande Obra.
La Palabra de Dios nos muestra un hombre llamado Simeón, que tenía el deseo ardiente de ver a Cristo, el Señor. Está escrito que él fue movido por el Espíritu, y cuando fue al Templo, realizó su deseo:

“Simeón, movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús le trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, él tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios y dijo: Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación.” (Lucas 2:25-30)

Todos nosotros que, somos movidos por el Espíritu Santo, debemos usar nuestra autoridad espiritual para que las personas sean curadas, liberadas, convertidas y, así como los ojos de Simeón vieron, a Jesús, que los ojos de estas personas, también vean no sólo la cura y la liberación, pero, principalmente, la Salvación.
Uno de los símbolos del Espíritu Santo es el viento, y el viento es movimiento, pues no hay quien resista a la furia de su fuerza. Así, también, el diablo y sus demonios no pueden resistir a la furia y poder del Espíritu Santo en nosotros, cuando realizamos la imposición de manos para liberar a alguien.

El Espíritu Santo se mueve, y nunca para y es así que tenemos que ser y hacer, nunca debemos parar de evangelizar, visitar, rescatar, atender, acompañar y hacer la Obra de Dios. Este mover del Espíritu Santo en nosotros es que hace con que, constantemente, vengamos a desenvolver en la Obra de Él.

Obrero y obrera, qué prefiere ser:
¿Removido, promovido, conmovido o movido?

¡Piense y medite en eso! 

Publicado en Orientación Nacional, PORTAFOLIO.

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